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  • Foto del escritorAlejandro Armenta Mier

El abuso sexual de niños y niñas es uno de los problemas más graves a los que tenemos que hacer frente, no sólo como autoridades, sino como sociedad. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2019), en México, cada año, hay alrededor de 5.4 millones de víctimas, poniéndonos en primer lugar a nivel mundial en este delito.


Las consecuencias que un suceso de esta naturaleza puede traer a las víctimas suelen ser de por vida si no se tiene el acompañamiento apropiado. La pedofilia es una enfermedad de perfil siquiátrico, que se define como “la preferencia erótica o sexual por niños o adolescentes de ambos géneros, con una diferencia de edad mínima de 6 años entre el enfermo y la víctima” (De Sousa y Fleury, 2014). A sabiendas de la naturaleza de dicha condición, hemos fallado sistemáticamente al sólo darle seguimiento vía penas privativas de la libertad, sin aplicar las medidas correspondientes de acompañamiento para tratar su condición médica.


En vistas de esta situación, y con el apoyo y respaldo del senador Ricardo Monreal, hemos propuesto la reforma al artículo 209 bis del Código Penal Federal. Vale la pena aclarar varios puntos respecto a la iniciativa presentada.


Consideramos erróneo utilizar el término castración química para referirnos a la misma, porque no explica correctamente los alcances de esta iniciativa. No se trata de una nueva pena ni de un procedimiento obligatorio y generalizado a todos los condenados por delitos sexuales ni de un procedimiento quirúrgico, como presupone la dureza del nombre utilizado en la prensa; lo que realmente buscamos es la rehabilitación de estas personas y que, por decisión propia, respetando su autonomía, puedan iniciar un proceso de rehabilitación completo, y únicamente aplicable a aquellos casos que un especialista determine idóneos. El control hormonal es sólo un coadyuvante que debe acompañarse de terapia sicológica para generar un cambio en la forma de pensar y de tomar decisiones.


Tal y como se propone, la decisión recaería al 100% en el sujeto. El tratamiento hormonal consiste en la aplicación de medicamentos con efecto antiandrogénico, los cuales reducen la producción de testosterona, la responsable del deseo sexual. Se trata de un tratamiento transitorio y de efectos reversibles. Aunado a que la administración de dichos medicamentos sería acompañada de la ayuda sicológica y médica correspondiente.

De esta forma, buscamos la reducción de la reincidencia en estos delitos tan atroces; además de proporcionar seguridad a las víctimas, que podrían estar atemorizadas respecto a que sus agresores vuelvan a las calles.


El problema de la violencia sexual va más allá de los alcances de esta reforma. Un cambio tan sustantivo requiere que las instituciones, ideas, pensamientos, formatos sociales, se reconstruyan, sin embargo, estamos en el proceso.


Queremos darles una nueva oportunidad a los victimarios, sin que las víctimas pasen por un proceso de revictimización. Nuestra obligación, como autoridades, es cuidar de todos los miembros de la sociedad y, sobre todo, buscar todos los medios posibles para que delitos tan atroces como la violación no sigan ocurriendo en nuestro país.



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